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RESTAURANTE  

        HOTEL

  CHEF RIVERA

      PADRON

           Comedor  LAXEIRO

CONOCIÓ José O Antonio Rivera a Laxeiro en una su­basta benéfica en Santiago. Donaba el pintor lalinés dos tintas y José Antonio adquirió un paisano gallego en 140.000 pesetas. El che fie pi­dió que le pintara una paisana para darle pareja. Aceptó el pintor y Laxeiro lo citó, unos días des­pués en el Puesto Pi­loto de Vigo, para ha­cerle entrega del nuevo dibujo.

-¿Gústache?, pre­guntó José Otero Abeledo.

-Moito, respondió el Chef.

—Está ben..., dijo, ta­citurno, Laxeiro.

-¿Canto é?, le pre­guntó José Antonio Rivera con 300.000 pesetas escondidas en el bolsillo.

—Nada, regálocho, fue la sorprendente salida del pintor.

-¡Como vas regála­lo...!, dijo el padrones.

—Tes cara de boaper-soa e de home traba-llador. Non é nada, carallo, zanjó la cuestión el de Lalín. Con la remodela­ción del restaurante, José Antonio Rivera decidió dedicar un comedor a Rosalía de Castro, otro a Caste-lao, un tercero a Ca­milo José Cela y el cuarto, como no iba a ser menos, a Laxeiro.

                  El Chef con su mujer Piérrete  y un grupo de amigos saluda a La­xeiro cuando se inauguró el come­dor. Laxeiro piensa.

            Paco Bobadilla, La­xeiro, el Chef Rivera, Guillermo Campos y José A. Pérez en una histórica comida

   Xurxo Fernández, Carina Regueiro, el Chef, Laxeiro, Agustina y otros amigos


CUANDO le pedimos a Xosé Otero Abeledo, el inmortal  LAXEIRO , que hiciera un dibujo para este libro no podíamos pensar que estába­mos ante la última obra del genial pin­tor lalinense. Y así fue. El dibujo que aparece en esta pági­na fue el último que salió de sus temblo­rosas manos.

A la vista del dibu­jo, el Chef le pregun­tó a Laxeiro qué sig­nificaba. El de Lalín, con la retranca que  le caracterizaba, as­piró hondo, miró por encima de sus gafas y espetó:

-Pero chef, carallo, é que non ves.

Todos los que nos sentábamos a la me­sa nos mirábamos indecisos. ¿Qué se­rá? Pensábamos unos y otros. La res­puesta salió de los la­bios de un Laxeiro eufórico, satisfecho, contento... feliz pese a que la muerte esta­ba empezando a lla­mar a su puerta:

-Eche un home con fame que se re­torce sobre a súa barriga, pola fa­me, e vai buscando un lugar para co­mer, unha casa de comidas como a túa, amigo Chef.

El misterio se des­veló: el último dibujo de Laxeiro era la imagen de un hom­bre, morto de fame. Ahora, como no, adorna el comedor principal del Restau­rante Chef Rivera junto al manuscrito que le acompaña